La vida después del Katrina: las huellas de la tragedia

parque de atracciones inundado tras el Katrina

En agosto de 2005, el huracán Katrina tocó tierra en el estado de Luisiana, en Estados Unidos, dejando a su paso cuantiosos daños personales y materiales en la zona. La ciudad de Nueva Orleans sufrió una terrible inundación cuando los diques que la protegían de las aguas del lago Pontchartrain fallaron. El año pasado se cumplió una década de la tragedia y la asociación por la conservación del medio natural Theodore Roosevelt Conservation Partnership escribió en el blog de Costa en Estados Unidos una crónica sobre los hechos acontecidos diez años atrás y sus efectos en la vida de Luisiana. Recogemos su testimonio ahora que se cumplen 11 años de la tragedia del Katrina.

10 años después del Katrina: ¿A qué esperamos para proteger nuestra costa?

“Mi padre y yo pasamos la mañana del 28 de agosto de 2005 cubriendo con madera las ventanas de nuestra casa en Baton Rouge (capital del estado de Luisiana). Forma parte de la rutina de preparación ante cualquier huracán, al igual que buscar todo aquello que el viento pueda convertir en un misil y meterlo dentro.

Mi padre vivió los huracanes Betsy y Camille que azotaron Nueva Orleans en los años 60, y los dos contemplamos cómo el huracán Andrew se revolvía y rasgaba el centro de Luisiana en 1992. Tanto él como yo sospechamos que el Katrina sería peor. El trabajo que hicimos para proteger la casa demostró ser una pérdida de tiempo al día siguiente, cuando los vientos del Katrina derribaron un roble de 25 metros sobre el tejado y un torrente de agua penetró en el interior. El dolor, el disgusto y la impotencia de ver aquella destrucción no fueron nada comparado con lo que mi padre sintió cuando, cuatro días después, accedió al tejado de la casa de mi abuela en Nueva Orleans desde una lancha.

Por suerte mi abuela estaba a salvo. Muchos otros, no. Como otros hogares en Nueva Orleans, su casa permanece vacía una década después, con las marcas del agua todavía visibles, un recordatorio del fallido sistema federal de diques que convirtió la ciudad en un remanso del lago Pontchartrain.

Nueva Orleans tras el Katrina

Casi todo el mundo del sur de Luisiana y el Misisipi tiene una historia sobre el Katrina. Y si no, tienen una historia sobre Rita, la tormenta a menudo olvidada que trajo viento y oleaje similar al Katrina sólo un mes después.

Tras el Katrina lo poco que mi compañero de piso y yo pudimos hacer fue acoger a extraños en nuestro hogar durante un par de noches. Llevamos comida y ropa a refugios y ayudamos a los vecinos de mayor edad a retirar los escombros de sus patios. Hicimos todo lo que estaba en nuestra mano en un momento de abrumadora impotencia.

 

Duro golpe también para los pescadores

La pesca nunca se aleja de mis pensamientos, pero entre tanto caos era difícil incluso recordar el placer de poner rumbo a la costa. La realidad era que lugares donde había estado pescando días antes de que la tormenta tocara tierra, como Grand Isle, Shell Beach, Slidell y Lafitte, fueron arrasados. Las carreteras fueron despedazadas y quedaron cubiertas por barcos, casas, árboles y todo aquello que la tormenta arrancó. Los campings y las casas estaban destruidas. Las tiendas de alimentación y las gasolineras habían sido arrancadas de sus pilares. Los puentes estaban completamente arrasados.

Amigos que se ganaban la vida como guías de pesca perdieron su trabajo de la noche a la mañana. A otros que vendían cebos y tenían en propiedad rampas de botadura no les quedó nada salvo las losas sobre las que antes descansaban sus negocios. Pantanos y canales quedaron anegados de escombros y sedimentos, y por lo tanto intransitables.

Era la representación perfecta del la expresión ‘zona de guerra’ que los periodistas utilizaban para describir todo lo que veían, de forma casi casual y repugnante, en las semanas que siguieron a la tormenta.

casas vacías tras el katrina

10 años después

En los 10 años que han pasado desde el Katrina y el Rita, comunidades enteras han sido reconstruidas, algunas reconvertidas en ciudades más pequeñas pero también más inteligentes, con casas concebidas para capear mejor la próxima gran tormenta. Puertos, rampas de botadura, tiendas de aparejos y gasolineras han reabierto y están a reventar.

Quienes reconstruyeron sus hogares, sus ciudades y sus negocios no suelen interesarse por las conferencias de prensa, discursos conmemorativos y largos reportajes televisivos que llevan repitiéndose en la última década. Esos espectáculos sólo ayudan cuando vienen acompañados de un compromiso firme y renovado por seguir solucionando los múltiples fallos que propiciaron la destrucción del Katrina y el Rita.

Los responsables de los diques asumieron avergonzados su error, pero todavía falta que asuman su culpa los responsables de las políticas que condujeron a la pérdida de casi ochocientas hectáreas de humedales, antaño defensa natural contra las tormentas.

Pese a lo doloroso que resulta para los vecinos del Golfo recordar los efectos del Katrina, con suerte esos recuerdos reforzarán nuestra determinación. Los huracanes no se apiadan de nuestras políticas insuficientes y de nuestra montaña burocrática. No cesan en sus amenazas a la espera de que los políticos organicen sus prioridades.

El compromiso por restaurar nuestra costa sólo tendrá sentido cuando estemos listos para aceptar que el próximo Katrina puede arrebatarnos esa costa por completo.”

 

Puedes leer el artículo completo en el blog de Costa en EE.UU.

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